En un rincón alto de la localidad de Usme, entre las montañas y el murmullo de la naturaleza, el viento parece traer consigo no solo el fresco de la tarde, sino también la promesa de un cambio necesario. Este 2025, el Departamento para la Prosperidad Social (DPS) y el Pilar Solidario llegaron a la comunidad indígena Murui, un pueblo que, a pesar de haber sido históricamente relegado, ahora tiene una oportunidad para que su voz y sus necesidades sean escuchadas.

Es una mañana de encuentro, de esperanza, y sobre todo, de inclusión. La llegada del DPS a estos territorios no es solo un gesto simbólico, sino un acto concreto de compromiso por parte del Estado. Las comunidades indígenas, que a menudo han vivido al margen de las políticas públicas, hoy son el centro de un esfuerzo por hacerles sentir que no están solas. El Pilar Solidario no es solo un programa de ayudas, es la promesa de que nadie quedará atrás.
Entre las voces que se levantan en Usme, la historia de Eufrasia es un testimonio de lucha, sacrificio y esperanza. Eufrasia es una mujer indígena que nació en el Amazonas, pero que llegó a Bogotá en 1993, buscando un futuro mejor para ella y su familia. Hoy, en la ciudad, vive con su hija y su nieto, después de perder a su esposo quien era médico tradicional de la comunidad. Desde entonces, la vida no ha sido fácil. Se gana la vida vendiendo artesanías, una labor que lleva con el alma, pero que muchas veces no alcanza para cubrir todas las necesidades.

En una emotiva entrevista, Eufrasia nos comparte cómo ha sido su vida en la capital, lejos de su tierra natal, de las selvas del Amazonas, donde la vida se vivía a otro ritmo. “Llegué aquí buscando un futuro mejor, pero ha sido duro. A veces el trabajo no da para todo, y tener que depender de otros para salir adelante nunca es fácil. Ahora, por fin, siento que el Estado está reconociendo nuestra lucha, nuestra necesidad”, dice Eufrasia, con la mirada llena de emoción.
Aunque Eufrasia aún no recibe los beneficios del Pilar Solidario, esta es una historia que está a punto de dar un giro significativo. Después de mucho esfuerzo, logró inscribirse en el programa, y está a la espera de comenzar a recibir el apoyo que, por tanto tiempo, soñó. A partir del 27 de noviembre, se llevará a cabo el aumento de los beneficios, y las personas que ya venían recibiendo los $80.000 pasarán a recibir $230.000. Para Eufrasia, la posibilidad de que pronto también ella reciba este dinero, representará un cambio profundo en su vida, en la de su hija y en la de su nieto.

“Sé que este dinero va a ser un alivio. Es una ayuda que cambiará muchas cosas en mi casa. Podré comprar más cosas para la casa, darle a mi hija lo que necesita y a mi nieto también. Lo que me da más esperanza es saber que no estoy sola, que el Estado finalmente está prestando atención a los pueblos indígenas, a la gente como yo”, comenta Eufrasia, con un brillo de esperanza en los ojos.
Y hay más buenas noticias. El ciclo 12, que se extenderá del 17 al 31 de diciembre, también trae consigo nuevas oportunidades de apoyo para miles de familias en situación de vulnerabilidad. Para Eufrasia, el estar inscrita en el Pilar Solidario significa tener la certeza de que su familia tiene un futuro mejor por delante. A pesar de que la espera ha sido larga, la promesa del programa llega como un faro de luz, iluminando un camino que hasta ahora parecía incierto.

Es imposible no sentir una mezcla de nostalgia y esperanza al pensar en las historias de quienes, como Eufrasia, han vivido al margen de las políticas públicas, relegados al olvido por décadas. Hoy, esos pueblos olvidados encuentran en el Pilar Solidario una oportunidad real de prosperidad. Para ella y tantas otras familias indígenas, este es solo el comienzo de una nueva etapa, marcada por la inclusión y el reconocimiento.
El Pilar Solidario, más allá de ser un simple apoyo económico, es una herramienta de justicia social, que está llegando a quienes más lo necesitan. Es un compromiso del Estado con los pueblos indígenas, que finalmente sienten que se está reparando una deuda histórica. Y en medio de esa reparación, historias como la de Eufrasia cobran fuerza. Ella, como tantas otras personas que alguna vez fueron invisibles, ahora se ve y se siente parte de un proceso que la reconoce, la apoya y le da la oportunidad de soñar con un futuro diferente.
¿Cómo se siente ahora que finalmente está inscrita en el Pilar Solidario?
Es una gran alegría. Después de tantos años luchando por sobrevivir, por salir adelante, este es un cambio importante. Me siento aliviada, porque ya no tengo que estar sola en esto. Sé que el programa va a ayudarme a dar un respiro a mi familia.
¿Qué harás con el dinero que recibirás?
Voy a invertir en mis artesanías. Siempre he vendido mis productos, pero con materiales limitados. Ahora, con el apoyo que recibiré, puedo comprar mejores materiales, más hilos, más colores. Eso me permitirá mejorar la calidad de lo que hago y vender más. Es un impulso para mi trabajo, y también un impulso para mi familia.
¿Qué significa para ti este apoyo del Estado?
Para mí, es como un reconocimiento a nuestra lucha. Los pueblos indígenas siempre hemos sido olvidados, y ahora siento que nos están escuchando. Este dinero no solo me va a ayudar a mejorar mi trabajo, sino que también le dará a mi hija y a mi nieto una mejor calidad de vida. Es una oportunidad que nunca imaginé tener.

